Preguntarse...

PREGUNTARSE

Las preguntas, las dudas, inquirir, indagar, bucear, sumergirme en el torrente arrollador de la vida ha sido un poco la marca indeleble que tatúa mi corazón.
Siempre en busca, siempre curiosa y preguntona.

Elegí ser libre y escribir, sacar fotos, transmitir lo que siento, lo que me quema el alma, me arrastra a los desafíos o me desconcierta.

Aquí no encontrarán contundencias, no leerán nada taxativo o categórico. Serán parte de mis desandar, de mis derribos, las escapadas ausentes y los silencios que adivinan entre la prosa un tanto desaliñada: mi marca registrada.

Bienvenidos a Seren Vintage Watch Gallery

Lanco Rockeeter calibre Langendorf 1037 ( 1955)

Los Lanco son una de mis debilidades. Bah, muchas cosas me alivian el alma; y entre otros estos bellos relojes. Los Lanco llegaron en un momento de mi vida en el que necesitaba sobriedad. Y no sé si fue trasmisión o qué..... ellos me buscaron: y yo también.
Este muchacho cohete espacial tiene un calibre 1037 de la familia de los 1154.


Alguna vez escribí estas palabras con respecto a los Lanco. Palabras que sostengo a capa y espada:

Lo confieso: la primera vez que vi un Lanco se me paró el corazón. No se si fue porque su estampa genérica, estéticamente sobria, con esfera y detalles extemporáneos y de una perdurabilidad asombrosa me ha dejado sin pálpitos; hasta casi sin aliento; como si estuviese frente a frente a mi gran amor: los Seiko.
A pesar de que la elevada opinión de mi propia dignidad como amante de los relojes mecánicos a veces está en duda; aquí mi intuición con vaivenes desconcertantes y con marcados claroscuros fue contundente: un Lanco estalló entre mis huesudos y largos dedos hace ya muchos años; y esa sensación de explosión derivó en un magma de sensaciones cristalizadas por esas bellezas mecánicas despojadas y de una murmurante solidez.
Los Lanco me transmiten tranquilidad, una suerte de brisa húmeda que acaricia mi alma. Ese mirar por delegación, ese declinar en mi mirada elíptica produce a menudo extravíos en el que mis ojos se abandonan al poder conciliador de las agujas poco elegantes de estas piezas muy simples, muy rústicas, acabadas con delicia pero sin esmero y de una sensualidad subyugante y maravillosa.
Cuando los llevo en la muñeca declino mis ansias de berrinches cotidianos y me dejo adormecer en su custodia; pues lejos de atormentarme por descubrir el significado de su arrolladora presencia, me dejo llevar por la refulgente ensoñación de esta inquebrantable pasión.

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