Preguntarse...

PREGUNTARSE

Las preguntas, las dudas, inquirir, indagar, bucear, sumergirme en el torrente arrollador de la vida ha sido un poco la marca indeleble que tatúa mi corazón.
Siempre en busca, siempre curiosa y preguntona.

Elegí ser libre y escribir, sacar fotos, transmitir lo que siento, lo que me quema el alma, me arrastra a los desafíos o me desconcierta.

Aquí no encontrarán contundencias, no leerán nada taxativo o categórico. Serán parte de mis desandar, de mis derribos, las escapadas ausentes y los silencios que adivinan entre la prosa un tanto desaliñada: mi marca registrada.

Bienvenidos a Seren Vintage Watch Gallery

Election GranPrix calibre Election 875 ( 1950 )

Este grandote que me queda enorme tiene un encanto particular. Es una belleza texturada y mantenida lo mejor que puedo.
Hay mitos con respecto a Election: que era una marca de fantasía Argentina, que se fabricaba en Tristán Suarez ( che: es un chiste ) ; que los dueños eran argentinos..... Señoras y señores: Election siempre fue, en su época de manufdactura, 100 x 100 suiza. Y si quieren.... un poco de historia.

En 1905 abrió sus puertas en las cercanías del paraje Moulins Boulangers en Chaux-de-Fonds " Fils de L. Braunschweig Fabrique Election" mas conocida como Manufacture des Montres Election. Esta empresa de fabricación de movimientos quiebra en los ´30 del siglo pasado.
Se encuentra nuevamente activa luego de su venta con la denominación de " Nouvelle Societé Anonyme del Montres Election" con registros de marca en varios países europeos.... siendo su consorcio propietario un real misterio.
Y es hacia 1938, cuando pasa a denominarse "SAVE societé anonyme per la vente de montres "desapareciendo el nombre Election de la razón social.
Las marchas y contramarchas, reflotes y refritos han seguido hasta los ´60; aunque hubo posteriores reflotes, dudosos pases y sangrado de prestigio en pos de mandar a la hoguera el nombre de una manufactura que supo ser excelente, con movimientos espléndidos y duros. Relojes para el trabajador. 


Este precioso texturado tiene un calibre Election 875


Y super bonus yapa: fragmento de Historia de un reloj, una de mis novelas inéditas

Considero que así pasó. Y no me pregunten por qué lo pienso de esa manera. Simplemente, me lo he imaginado a Ricardo soñando recurrentemente un mismo tema: una puñalada por la espalda, y alguien sentado en ella atormentándolo, mientras su boca y sus dientes se empapaban de polvo ficticio de pesadilla. Esa herida, mientras sangraba, lo volvía vulnerable, idiota por momentos, ansioso. Recuerdo que traspiraba, y ese hedor nauseabundo mezclado con la sangre abyecta de esa herida inexistente lo retrotraía a una niñez feliz, donde la felicidad y las desdichas se fundían en una amalgama utópica. No sé por qué me viene a la mente este recuerdo, justo ahora, que no deseo tener ese tipo de recuerdos.
Su vida, hasta aquel día en la feria, ese día que la acompañó a Morena a comprarse una miniatura de Limoges; ese día, decía, ha generado en él una transformación. Transformación violenta, llena de pérdidas y discusiones; llena de miedos y dudas; en fin, con un colmar de atrayentes misterios y no menos desventajosas incertidumbres.
El reloj se halla a mi costado derecho, en este preciso momento, mientras escribo ésto en la computadora. Sus líneas suaves se funden en la penumbra de mi estudio y las tinieblas grotescas de mis olvidos. El acero resplandece cuan brillante dios etéreo, al lado de mis infaltables lápices y marcadores, mis ( y sus ) compañeros desatinados de juegos. A veces descubro y redescubro al reloj, que reposa inquieto e irreverente en medio del caos y medito en cómodo arbitrio por las hojas bosquejadas, los manuales, las lapiceras, mis reglas, mi todo. Y mi nada…
No sé si a ustedes les pasa, pero desde que lo descubrí – o que él me descubrió a mí – estoy obnubilada con ese corazón  que late con fuerza, con esos briosos andares perpetuos que no cesarán, mientras me acuerde de darle cuerda. Ese rumor cándido y exultante me da risas; a carcajadas a veces – cuando estoy sola -; o con risa moderada, si es que estoy entre la gente. Poco a poco, lo he notado, se ha apoderado de mí esta máquina perfecta, rumbeante y calurosamente simétrica. Ese gris, mientras lo miro, se transforma en un sol milagroso, una profecía laica cumplida en aras de la salvación de mi castigada y celosa alma.
A veces deliro y me pregunto qué hubiese pasado conmigo si este reloj, llegado a mis manos por casualidad, fatalidad o coincidencia caprichosa con Ricardo, no hubiese llegado a donde ahora está. ¿ Qué hubiese pasado con Ricardo si aquel domingo de estío no lo hubiese encontrado; si su mirada no se hubiese posado en el Tissot que lo embaucó con promesas y exigencias de necesidades inexistentes o una vulgar y cochambrosa sensación de capricho ? Ese fondo que no brilla, pero que con su esplendencia cristaliza mi alma en segmentos de asombrosa y espléndida alegría me sumerge en la profundidad del más fabuloso amor, ese tipo de amor que nos abraza cuan osos desaforados por la miel.
Así pues las cosas, y cuando me hallo en lo mejor de mi extensa e inexperta vida, se me ocurrió en un segundo sibarita y condescendiente con el más abotargado desaliño mental - mirando la vidriera de una antigua y polvorienta librería a la vuelta de la casa de mi suegra -  que esta historia ( la del reloj, no la mía ni la de Ricardo ), merecía ser contada, para que si algún día algún curioso con vicio de pereza se le fuese a ocurrir que de un reloj no se puede contar una historia, cambie de idea. 
Contar la historia de un reloj es posible. Yo se las contaré



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